Actualmente vivimos en una sociedad en constante evolución que aún somos incapaces de asimilar todos por completo. Esto se refleja incluso en el mundo del arte; ya que, como nos comenta Peter Weibel[1], tras desarrollos tecnológicos muy importantes, aún no se ha establecido ningún tipo de pieza concebida socialmente como maestra dentro de este campo. Es por ello, que haya una gran diferencia muy contradictoria dentro de nuestro propio país e, incluso, de nuestro círculo más cercano: oficialmente se vende cierta modernidad que va muy de la mano del campo tecnológico tan característico de nuestra época; sin embargo, la realidad es que se sigue dando una educación que promueve una mentalidad bastante retrógrada, llena de prejuicios y valores bastante desfasados.
En estas mismas circunstancias, debemos de admitir otro factor bastante importante: el sistema capitalista o de consumo, impuesto en occidente primero desde la revolución industrial y, posteriormente, reafirmado tras la Segunda Guerra Mundial, gracias al ideal social estadounidense; puesto que, tras dicha fecha, se convirtió en unas de las potencias mundiales más importantes. Dicho ideal marcó radicalmente la diferenciación machista de roles entre dos géneros dentro del prototipo de familia conservador y patriarcal.
Por estas razones, decidimos formar este grupo artístico en constante cambio y ampliación. La utilización de nuestro nombre, Y TU MADRE TAMBIÉN, apela la descontextualización de un insulto, desde un punto de vista más kitsch que otros movimientos como el queer, respondiendo sarcásticamente a aquellos individuos de la sociedad heteropatriarcal que afirman: "Todas las mujeres son *Introduzca un insulto*, menos mi madre". Del mismo modo, usamos conceptualmente la maternidad en un ámbito o círculo familiar como sinónimo de colectividad, participación y colaboración.
Nuestro propósito es, llevando con cierto humor los esterotipos y distintas estrategias artísticas, demostrar la discriminación de las diversas identidades reales en nuestra sociedad. Así, exaltamos la identidad de transgénero y la pansexualidad.
Esto se podría demostrar dentro del campo de la publicidad. La publicidad presentan a las mujeres generalmente, en ambientes domésticos realizando tareas del hogar o preocupadas por el cuidado de la familia. En nuestra cultura se imponen una serie de simbolismos. Estas imágenes se emplean para que la audiencia las decodifique rápidamente, y su éxito se basa en la utilización de la mujer como objeto de uso. El estereotipo que se nos vende e impone diariamente es un ser despersonalizado, con el único fin de que quienes reciben el mensaje valoren las características de la mujer como objeto de deseo o en su rol de ama de casa. Esa imagen vinculada en su mayoría al quehacer doméstico, no es la imagen de la mujer real, común, sino básicamente la ideal, creada para vender.
Otro punto de vista, sería la pornografía. La relación entre sexos que es profundamente misógino y violento contra las mujeres. Si la publicidad nos ha venido acostumbrando al consumo de la mujer como objeto, la pornografía nos muestra el aspecto de dominación sobre la mujer, cuyo sentido de existir es dar placer. La mujer que se nos propone como ideal en la pornografía es la puta, es decir la que puede ser impunemente vejada sin derecho a reclamar nada. La propia palabra ya lo dice pues pornografía deriva del griego porné: descripción de las prostitutas y su oficio, ganado sexual, marrana. Aunque un poco mal sonante esta palabra que estamos empleando describe claramente la sexualidad que propone la pornografía: la puta, la esclava sexual, y, por lo tanto, el hombre, el amo sexual.
Todo esto se podría contraponer al manifiesto contra-sexual liderado por la filósofa Beatriz Preciado[3], en el cual se habla de una igualdad por parte del individuo, aunque tengamos unas diferencias biológicas; sin embargo, las diferencias de género y, por lo tanto, de rol, son solamente imposiciones socioculturales.
Según Naomi Wolf[4], todo ideal o canon de belleza femenino es rechazable de por sí por la mera razón de que es siempre y ha sido, impuesto por el deseo y las fantasías masculinas, ya que nunca han sido las mujeres las que han configurado este ideal. Así mismo, este ideal se ha vuelto completamente inhumano: las mujeres se comparan, y los hombres las comparan, con una nueva raza de no-mujeres híbridas. Estaríamos hablando de un morfo, de un ginecodroide que pretende ser la perfección, que para Wolf sería una perfección cada vez más irreal, más artificial. Una mujer construida por los dueños de las multinacionales farmacéuticas de la belleza y por las fantasías de una tecnología patriarcal.
También sería importante destacar todos los grupos feministas a favor de una pornografía para mujeres o el desarrollo del movimiento a favor de la post-pornografía: que desarrolla una crítica de la propia pornografía y de sus valores usando las mismas herramientas o iconografías.
contra-publicidad, es decir, la modificación de la propia publicidad.
Artístas que nos influeyen:
- ALBARRACÍN, Pilar
- BELLMER, Hans
- BREIPZ, Candice
- CABELLO, Helena
- CAMERO, Loren
- CHAMPMAN (Hermanos)
- FLANAGAN, Bob
- FUJIWARA, Simón
- KLAUKE, Fürgen
- KOONS, Jeff
- LACHAPELLE, David
- MAPPLETHORPE, Robert
- MENDIETA, Ana
- MOLLINIER, Pier
- MONTOYA, Jam
- NEWTON, Helmut
- OCAÑA, José
- ORLAN
- SHERMAN, Cindy
- SPRINKLE, Annie
- TREACY, Danny
- ZIGA, Itziar
[1] WEIBEL, Peter. La condición post-medial. Artecontexto nº6, 2º trimestre de 2005. http://www.artecontexto.com/es/leer_en_linea-6.html Fecha de consulta: 10/10/2010.
[2] KAUFFMAN, Lisa S. Malas y perversos, fantasías en la cultura y el arte contemporáneos. Ed, Cátedra, Madrid, 2000. Fecha de consulta: 24/10/2010.
[4] WOLF, Naomi. El mito de la belleza. Ed, Emecé, Barcelona, 1991. Fecha de consulta: 11/11/2010.